Archivo de la etiqueta: Apuntes sobre la Historia de la Escalada y el Alpinismo

APUNTES SOBRE LA HISTORIA DE LA ESCALADA Y EL ALPINISMO (IX) – La carrera por los ochomiles. Jerzy Kukuczka y la hegemonía polaca.Joan Grifoll El alpinismo, como muchos otros deportes, tiene sus particularidades y alguna de ellas coincide con algunos de esos otros deportes, por ejemplo la generacional. Hemos visto en anteriores artículos cómo hubo generaciones de alpinistas extraordinarios de un país que consiguieron verdaderas proezas, por ejemplo, la de Welzembach y sus compañeros (Willy Merkl, Ulrich Wieland, Peter Aschembrenner, etc.), la francesa de Terray, Lachenal, Rebuffat, Herzog…, la de Bonington (Doug Scott, Hamish McInnes, Pete Boardman, Dougal Haston, etc.), La de Bonatti, Mauri, Maestri, etc… Pero si hubo una generación “de oro” en la conquista de los ochomiles, esa fue la polaca. Cuando ya Messner iba desbocado en busca de los 14, apareció una generación salida de la tristeza de la postguerra, de la mayor precariedad económica y de…

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APUNTES SOBRE LA HISTORIA DE LA ESCALADA Y EL ALPINISMO (VIII) – La carrera por los ochomiles. Reinhold Messner.Joan Grifoll Vivir es atreverse. Vivir significa arriesgar. “To live is to risk”. Quien a nada se atreve, no vive. Charles Houston Probablemente, ninguno de los alpinistas que en su momento aspiraron a coronar las 14 cumbres más altas del mundo pensaba en sus comienzos como ochomilista que algún día tendría en mente pisar todas las cumbres de más de ochomil metros. Los comienzos siempre son duros y el primer ochomil es duro, muy duro, desalentador, pero las vivencias, el desafío, el reto de superarse a uno mismo…, arrastran a intentarlo de nuevo. El alpinista que tiene la fortuna de repetir expediciones al Himalaya, siente que va adaptándose a este clima y a las condiciones durísimas de la vida en altitud. La vida en un campo base, a más de cinco mil…

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En el artículo 2 de esta serie de apuntes, vimos cómo las mujeres entraban pisando fuerte en el montañismo, mujeres pioneras como Fanny Bullock, Annie smith o Leny Riefenstal, que en compañía de grandes escaladores o formando cordadas exclusivamente femeninas, afrontaban paredes y montañas del mismo nivel que los mejores alpinistas. Finalizaba el artículo con dos grandes nombres, Loulou Boulaz y Claude Kogan, que alcanzaron un nivel excepcional en escalada, llegando a medirse a grandes montañas del Himalaya. Sin embargo, tras estas mujeres encontramos un vacío de nombres en la primera línea del alpinismo que dura prácticamente hasta los años 70. Recordemos que la última grande, Claude Kogan, perdió la vida en 1959, en el Cho Oyu. Esto no quiere decir que no hubiese mujeres alpinistas, claro que las había, pero no llegaban a un nivel que las situara en una élite histórica. Este impass comenzó a finalizar con la…

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Los alpinistas que protagonizaron las grandes gestas durante la segunda mitad del s. XX supieron optimizar los notables progresos técnicos en la fabricación del material de escalada: los piolets de hoja curva, los crampones de 12 puntas (con las delanteras horizontales), los mosquetones de aluminio, las clavijas de diferentes formas, y sobre todo las chaquetas y sacos de pluma. A todas estas innovaciones en el material se unieron innovaciones en la técnica de escalada: el autoaseguramiento para escaladas en solitario, la técnica de la doble cuerda en libre y artificial y, desde luego, la utilización de arneses completos, cascos y otros materiales de protección; y como máximo exponente de la evolución técnica, la del piolet tracción, que era posible gracias a las hojas curvas y los mangos cada vez más cortos. Los alpinistas de élite ya no eran aventureros o profesionales del guiaje y la enseñanza alpina, eran verdaderos deportistas…

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La generación de oro francoitaliana (Terray, Rebuffat, Lachenal y Cassin) dio paso a un nuevo concepto del alpinismo, un concepto esencialmente técnico en el que las innovaciones en el material y la renovación de sus diseños resultaban imprescindibles para afrontar los nuevos retos. Los desafíos se basaban en la dificultad, en la concepción de rutas cada vez más comprometidas en las mismas paredes en las que ya se abrieron aquellas “primeras” heroicas. Consecuentemente, la tecnificación de la enseñanza se revela fundamental para la formación de las nuevas élites. Se crean escuelas de escalada muy bien dotadas en las que los profesores forman parte de la élite del alpinismo, que ya no se dedica únicamente al guiaje como recurso profesional. Pero para alcanzar este nivel hubo algunas figuras que enlazaron ambas generaciones, algunos grandes alpinistas que compartieron cuerda con los Lachenal, Terray, Cassin, pero que llegaron a influir decisivamente en los…

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Los conquistadores de lo inútil “A través de estas ascensiones os he vuelto a encontrar a todos, compañeros míos de esta bella aventura. Juntos hemos padecido sobre las morrenas o tiritado durante los vivaques; el sol nos ha calentado y luego quemado; el viento, acariciado y luego azotado. Nos hemos desollado contra el granito y nuestras rodillas se han ‘cascado’ en el descenso de las pedreras. Juntos hemos experimentado y compartido la zozobra, la incertidumbre y el temor. Pero también hemos descubierto allá arriba el fondo de nosotros mismos, con tanta vida, tanto ardor, y tanta fuerza almacenados. Todo lo que puede procurar una alegría sólida, firme, profunda, estaba en nosotros, y lo habíamos ignorado”. El montañero aprendiz. Gaston Rébuffat, 1946. Con la eclosión de la Gran Alemania parece que los alpinistas germanos se contagian del fervor patriótico que en un principio parecía transmitir el III Reich. Con el declive de…

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Una de las aportaciones de la nueva generación de escaladores que protagonizó la élite del primer cuarto de siglo fue la escalada artificial. La progresión del material, combinada con la nueva filosofía del “nada es imposible” hizo progresar las técnicas de utilización de los clavos, estribos y mosquetones. Se abrieron vías imposibles de afrontar en escalada libre, enormes techos, desplomes, placas imposibles…, eran superados por medio de técnicas artificiales. Del otro lado, los escaladores ingleses y algunos alemanes desdeñaban este tipo de escalada con el dogma de que “para esta forma de escalar solo se necesita un buen brazo derecho (el que maneja la maza)”. Uno de los primeros defensores de la escalada artificial a ultranza fue Hans Fiechtl (1883-1925), que en su tiempo pasó por ser el inventor de los clavos, aunque como vimos en el artículo sobre la historia del material, no es cierto, aunque si lo es…

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El comentario que hizo el diario Federal de Ginebra el 11 de septiembre de 1838, tras la ascensión al Mt. Blanc de la condesa Henriette d’Angeville, fue el siguiente: “Nuestro orgulloso Mont Blanc debe de sentirse humillado como nunca. El martes, 4 de septiembre, a las 13.25, ha visto su cima hollada por un pie femenino”. Aunque sabemos que la primera mujer en la cumbre del Mt Blanc fue la “chamoniarde” Marie Paradis (ver Mujeres en la cumbre, en este mismo blog), fue la ascensión de Mme d’Angeville la que se dio a conocer en los medios. Durante muchos años, a los hombres les iba a costar admitir a las mujeres en el olimpo del alpinismo, sin embargo, el tiempo demostró su capacidad para afrontar los mayores retos. Henriette d’Angeville reunió una caravana compuesta por seis guías y seis porteadores. Las provisiones consistían en 24 pollos, 18 botellas de Burdeos,…

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Hay quien escala para medir sus propias fuerzas, por la gloria, por el placer de la conquista, para demostrar al mundo que el hombre lo puede todo, para gozar de la belleza de la naturaleza… Aquellos que han estado allá arriba no necesitan oír una respuesta que ya conocen. Conocen la sensualidad que emana de la roca cuando se acaricia con manos vigorosas, qué sentido de seguridad ofrece clavar los crampones en el hielo, qué música emite un clavo ”que canta” cuando es golpeado con el martillo en la fisura de una roca. Han probado la inmensa y angustiosa alegría de sentirse solos en el infinito silencio de la montaña, han experimentado el terror de tener cientos de metros de vacío bajo sus pies inestables, han aprendido a leer el lenguaje de la naturaleza cuando está a punto de desencadenar sus fuerzas. Saben cómo comunicar con un compañero atado a…

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